Donde antes se oían los pasos de las novicias camino de la capilla, ahora se escuchan las carreras de los peques de infantil por los amplios pasillos. Donde antes el gran cedro acaparaba el protagonismo del patio, ahora tiene que compartirlo con las aulas redondas y coloristas –las que llamamos cabañas- y con el juego de niños y niñas que rodean el monumental árbol. Donde antes estaba la sala capitular, pronto habrá una gran cocina en la que se preparen las comidas que se servirán en el espacio que un día ocupó la iglesia. Donde antes había unos establos en los que abrevaban las vacas, ahora hay unas clases con sus pizarras, proyectores, mesas, juegos, lápices… Donde antes el tono ocre de los ladrillos daba un tinte monocolor a los muros, ahora grandes paneles de colores y enormes ventanales alegran la vista. Pues sí, no todo el mundo puede decir que su colegio es un antiguo monasterio transformado en una escuela. En Ideo, sí podemos decirlo.

 

De monasterio a escuela

 

La historia viene de antiguo, nada menos que de los tiempos de los Reyes Católicos. Beatriz Galindo, escritora y humanista española, fue maestra de latín y gramática de la reina Isabel la Católica y de  sus cuatro hijas: Juana, reina de Castilla; Catalina, reina de Inglaterra, e Isabel y María, reinas de Portugal. Beatriz, conocida como “La Latina”, y  su marido, Francisco Ramírez, fundaron un hospital y un convento en el centro de Madrid a principios del siglo XVI y quisieron que fuera habitado por una comunidad de monjas de la Orden de San Jerónimo..

Pasaron los siglos y las monjas jerónimas cambiaron su viejo convento en el centro medieval de Madrid por otro edificio en el barrio de Salamanca en 1890. Allí no estuvieron ni un siglo porque en 1967 se mudaron de nuevo a un  monasterio construido en los terrenos que había heredado una monja, hija del duque del Infantado. Estaba situado en las afueras de Madrid, en la zona de El Goloso. ¿Os suena el lugar?

¿Y qué fue de las monjas? Pues son nuestras vecinas. La comunidad de religiosas jerónimas, al comprobar que el monasterio era demasiado grande y costoso de mantener, construyeron uno más pequeño en el solar anexo a nuestro cole. Y allí siguen. Mientras, el enorme monasterio de El Goloso, con sus cientos de ventanas que le daban un aire de pequeño Escorial, se quedó vacío…hasta que los miembros de la gran familia de Escuela Ideo hemos llegado para darle una nueva vida.

Durante la historia de nuestro país, algunos conventos y monasterios fueron convertidos en cárceles, hospitales, almacenes, incluso escuelas. En lo que va de siglo XXI, estamos ante el primer caso de un monasterio que ha vivido un gran proceso de rehabilitación para albergar un centro educativo.

 

Un entorno ideal para instalar Escuela Ideo

 

Las enormes dimensiones del monasterio,  su claustro principal, el gran patio del noviciado (el que preside el cedro), un tercer patio en forma de “L” (donde se instalaron el año pasado la biblioteca y la administración), los miles de metros cuadrados, los espacios naturales que le rodean  más la creatividad del equipo de arquitectura han hecho de este lugar el mejor posible para instalar la nueva escuela.

Históricamente, los monasterios fueron lugares de creación y conservación cultural, de aprendizaje, de formación. En ellos se preservó la herencia clásica y se investigaron nuevas expresiones culturales, artísticas, científicas, etc. Hoy, 1500 años más tarde de la creación de los primeros monasterios europeos, somos los de Escuela Ideo quienes tenemos la posibilidad –y la suerte- de recrear un nuevo proyecto educativo en este lugar tan especial al norte de Madrid.

 

Ricardo Olmedo – Padre de dos alumnas de Escuela Ideo