A veces, en Ideo, se dan momentos mágicos. Sin que uno se lo espere, sin que se haya habido voluntad de crearlos. La Cooperativa Escuela Ideo y el Departamento de Formación de la Escuela organizaron dos jornadas formativas sobre Inclusión. El objetivo era reflexionar, todos juntos, las familias, los alumnos, los orientadores y los profesores sobre los valores de la Inclusión, profundizar en por qué Escuela Ideo es una escuela inclusiva, qué creencias y valores subyacen, qué herramientas y opciones metodológicas se tienen que desplegar y qué transformaciones estructurales poner en marcha. Pero cuando la Inclusión no solo es un valor o una creencia sino un sentimiento o un modo de estar en el mundo o de relacionarse con los demás, las emociones afloran y el ambiente de unión, solidaridad y adhesión transforman el carácter formativo de las sesiones en algo mucho más especial.

La primera sesión se celebró el día 28 de abril y corrió a cargo de un representante del Grupo de Atención a la Diversidad del Cole y del Departamento de Orientación. En su primera parte, se habló de conceptos relacionados con la Inclusión y se presentaron las prácticas inclusivas de Escuela Ideo. La Inclusión es un concepto de la pedagogía por el que apostó la UNESCO en los años 90 haciendo un llamamiento a todos los sistemas educativos del mundo y al que, de manera profunda y transformadora, solo han respondido algunos países. Tras analizar la diferencia entre Integración e Inclusión (del niño al grupo, de la discapacidad al desarrollo de las capacidades de todas las personas, de la igualdad a la equidad y la solidaridad, de la normalización a la celebración de la heterogeneidad), se intentaron desmontar algunos de los mitos que suelen acompañar a la inclusión como el de que en las escuelas inclusivas los alumnos sin dificultades obtienen resultados académicos más bajos o que los profesores han sido formados para educar a niños “normales” y no tienen que ser especialistas en Inclusión.

Escuela Ideo despliega la Inclusión dotándose de un Departamento de Orientación con seis profesionales que creen en la Inclusión y trabajan por la Inclusión, creando una comunidad educativa acogedora en la que todos los miembros, alumnos, familias, profesorado y PAS participen activamente y apostando por la pedagogía de la complejidad. Frente a la pedagogía de la simplicidad que gira alrededor de ideas clave como la pasividad (el alumno aprende a través de la acumulación de conocimientos); la homogeneidad (los contenidos son los mismos y se aprenden de la misma manera); la prioridad de los resultados académicos computables; la distancia entre los miembros de la comunidad, con roles previamente asignados, y la fragmentación de los contenidos en asignaturas, la pedagogía de la complejidad de Escuela Ideo intenta crear una estructura educativa capaz de desarrollar las capacidades de todos los alumnos en clases que son heterogéneas desde el punto de vista académico, étnico y social a través de tareas atractivas y significativas.

Los principios de la pedagogía de la complejidad de Escuela Ideo son:

  • Flexibilidad de los objetivos, las actividades, los materiales, de los tiempos, los agrupamientos y los procedimientos de evaluación.
  • Inteligencia emocional, con el objetivo de que el alumno confíe en sí mismo y en sus propias capacidades, fomente su curiosidad, aprenda a autorregularse, se integre plenamente en el grupo, incentive su capacidad de comunicar y coopere y trabaje en equipo.
  • Enseñanza holística y visión integral de la educación y la persona.
  • El enfoque por proyectos, en el que el profesor cede el centro de atención al alumno y se convierte en un facilitador del aprendizaje y en el que se respetan los estilos de aprendizaje y las capacidades de todos los alumnos.
  • El aprendizaje cooperativo, que favorece la interdependencia positiva entre el alumnado, las destrezas interpersonales y las habilidades sociales.

En la segunda parte de la sesión, la coordinadora del Departamento de Orientación y varios miembros del mismo hablaron de la trayectoria del equipo y de sus actividades desde la creación del proyecto. Se insistió en que el camino hacia la Inclusión se estaba recorriendo desde el principio y que, conscientes del reto que suponía y las no pocas dificultades que conllevaba, se iba afianzando poco a poco y con la participación de toda la comunidad educativa. La coordinadora habló de cómo los mismos miembros del equipo habían tenido que transformar las prácticas integradoras de los contextos educativos de los que venían a las prácticas inclusivas, que significaba, entre otras cosas, trabajar mano a mano en el aula con los profesores. “Tenemos voz y se nos escucha” dijo la coordinadora. Algo fundamental en una escuela inclusiva, en el que el orientador puede “salir del despacho” y participar en los claustros de profesores, en las sesiones de evaluación, en las tutorías y en el aula para realizar un seguimiento de todos los alumnos, no solo de aquellos con diagnósticos de necesidades educativas especiales, sin que ello suponga una merma de atención personalizada en momentos concretos.

El apoyo emocional no solo debe de darse al alumnado sino también al profesorado, porque cuidar, escuchar y acompañar al docente es una de las bases para que, realmente, se pueda llegar a dar respuesta a las necesidades de todos los alumnos. Los miembros del Departamento insistieron en que el apoyo de las familias es también fundamental para su trabajo. Ellos confían en las familias y piden la misma confianza de modo que el aprendizaje y la educación no sean dos ámbitos separados como en otros contextos educativos y la diferencia se vea con naturalidad y como enriquecimiento. “Hay que sentir” la inclusión además de pensar en ella y actuar dijeron los miembros del Departamento.

La sesión acabó con el testimonio de algunos voluntarios “mayores” que están colaborando a través de la Fundación Escuela Ideo y su proyecto intergeneracional en el apoyo a ciertos niños durante los patios. Algunos testimonios de familias presentes, en los que se insistió en la importancia de que la formación y la reflexión sobre la inclusión llegara a todas las familias de la comunidad educativa puso el broche a esta primera parte.

La segunda tuvo lugar el día 3 de mayo. Esta vez los protagonistas fueron las familias, los alumnos y los profesores. Familias con niños con dificultades de aprendizaje y sin ellas, alumnos con dificultades y sin ellas, y profesores de todas las etapas educativas participaron en una mesa redonda en la que fueron exponiendo tanto su visión de la inclusión como su experiencia personal en Escuela Ideo. Empezaron hablando los alumnos. Contaron su experiencia e insistieron en la diferencia entre la pedagogía de Ideo y la que había en los colegios de los que procedían. Nos contaron cómo se sentían y cómo se habían integrado en sus grupos y en la escuela. También hablaron del apoyo emocional que habían recibido en momentos en que, por diversas circunstancias, lo habían necesitado. “Porque todos nosotros necesitamos ayuda en determinados momentos”, dijo una alumna.

Las familias cuyos hijos tenían necesidades educativas especiales nos relataron cómo habían llegado a la escuela y cómo habían encontrado en ella los apoyos que necesitaban, cómo se había logrado crear un entorno acogedor para sus hijos y, sobre todo, de qué manera se habían desarrollado en sus hijos todas las posibilidades de crecimiento. Las familias que no tenían hijos con necesidades educativas especiales contaron que habían llegado a Ideo buscando precisamente un proyecto educativo inclusivo, donde se aprenda a ser nosotros mismos y a respetar a todos los demás, implicado en el proceso de aprendizaje y en el desarrollo integral de los alumnos, un proyecto con metodologías inclusivas y que promueva la participación de las familias, donde se escucharan diferentes voces y se potenciara la confianza y el apoyo emocional entre todos los componentes de la comunidad educativa.

Por su parte, los profesores nos contaron su experiencia en el aula inclusiva, cómo intentaban concretar sus valores inclusivos en prácticas inclusivas y cómo lo hacían contando con el apoyo de todos los compañeros, de los miembros del Departamento de Formación y el de las familias. Algunos hablaron de los contextos educativos de los que procedían, donde el aprendizaje “es una locomotora que va siempre al mismo ritmo y no espera a los alumnos que necesitan que se aminore la marcha”. Algunos apuntaron que, en los momentos de más dificultad o más trabajo para llegar a las metas propuestas, poner “corazón y alma” en el trabajo con los alumnos era lo que más ayudaba.

Cuando todos los miembros de una comunidad educativa están juntos, compartiendo visiones, y se habla sin pudor de emociones, sentimientos, experiencias, cuando hay una invitación a establecer relaciones significativa y recíprocas, cuando nos damos cuenta de que todos somos diferentes y todos somos especiales una sesión de formación se transforma en otra cosa.