Unos minutos antes de escribir esto -18 de marzo a las 16:00- la Unesco acaba de publicar la siguiente nota: «los gobiernos de 113 países han anunciado o implementado el cierre de las instituciones educativas en un intento por contener la pandemia mundial (…) afectando a más de 849.4 millones de niños y jóvenes”. 

Sí, hemos leído bien: casi 850 millones de estudiantes no pueden ir a sus centros educativos por lo que nos ha caído encima. La cifra no solo es gigantesca sino que nos da una idea de las dimensiones y repercusiones que el coronavirus va a suponer en nuestra vida y en la de nuestros hijos e hijas.

En todo el mundo se están poniendo manos a la obra para paliar este daño aprovechando la tecnología y descubriendo las múltiples posibilidades que nos ofrece en el ámbito educativo. Y digo paliar y no sustituir porque creo que nada puede suplir la experiencia del contacto con compañeros y profesores en la experiencia del aprendizaje.

#EscuelaIdeoSigue

Dicho esto, en nuestra Escuela ideo estamos viviendo una situación «excepcional» en el mejor sentido del término. Desde un día después del cierre de los colegios madrileños, todo el alumnado del cole tiene la posibilidad de seguir un plan de estudio y trabajo en casa, que va muchísimo más allá de un mero envío de tareas.

El contacto del profesorado con el alumnado -y de ellos entre sí- está cubriendo esa fundamental experiencia de cercanía que tanto influye en el aprendizaje. Mis hijas tienen la certeza de que “alguien” se preocupa por ellas, les saluda por las mañanas, les explica lo que hay que hacer e, incluso desde hoy, ese contacto de la tutora va a ser doble junto con algún otro profe que también “se pasará” por el chat a una hora establecida. ¿Qué provoca esto? Sobre todo, motivación y ganas de trabajar: esta mañana emocionaba ver cómo le enseñaban a la profe de Plástica sus trabajos. 

Por otro lado, en Bachillerato, a las 8:30 ya están conectados siguiendo las clases porque saben también que alguien les está esperando al otro lado de la pantalla y les está exigiendo que sean, ahora más que nunca, protagonistas de su educación. 

El reto va para largo. Cuanto antes lo asumamos, mejor. Y quedan muchos días en los que habrá que mantener la ilusión por seguir aprendiendo. Muchas familias sí tenemos algo claro: el esfuerzo de los profes y de quienes se encargan de que la tecnología responda merece nuestro más profundo agradecimiento. 

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